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martes, 23 de agosto de 2016

18.- Cataratas de Iguazú. Brasil y Argentina

Para llegar a las cataratas comenzamos el camino en la ciudad de Chuy, frontera Uruguay-Brasil. Varias personas nos habían recomendado que podíamos tener problemas en la frontera para entrar a Brasil sin un billete de salida, una reserva de Hotel o una carta de recomendación y una tarjeta de crédito. Brasil aplica estas medidas tan exigentes a las personas con pasaporte español por un simple motivo: ley de reprocidad. 


¡Nada de nada! Cuando llegamos al paso fronterizo, vimos que la entrada al nuevo país, se parecía más a un peaje que a una frontera. Definitivamente las fronteras terrestres siempre son más accesibles que las aéreas. Después de las típicas preguntas de dónde somos, dónde venimos y hacia dónde vamos, ¡Pam, pam! Un par de sellos en el pasaporte y ya estamos en Brazil. 


Aquí logramos hacer carona -autoestop- hasta una ciudad de nombre peculiar: Pelotas. El camionero muy amablemente nos dejó  a las afueras en una gasolinera y allí en teoría no debíamos tener muchos problemas para seguir hacia el norte.
¡Nada de nada! 
Pasamos toda la tarde con el brazo levantado y el pulgar hacia arriba. Hicimos un cartel con un trozo de cartón, preguntamos a quince o veinte camioneros y... ¡nada de nada! Se hizo de noche y nos quedamos en Pelotas, tuvimos que dormir allí. A las afueras de la ciudad en la gasolinera que habíamos llegado por la mañana, concretamente detrás del restaurante. 
Suerte que teníamos nuestra súper tienda de campaña que habíamos comprado en el supermercado Anónima de Argentina: ligera, fácil de montar y pequeña, muy pequeña. Tan extremadamente pequeña que entramos los dos con dificultades, evidentemente sin las mochilas grandes...  ¿será que era para niños? Estuvimos toda la mañana siguiente intentando hacer carona y después de horas tragando polvo, preguntando y haciendo señales a los conductores, ¡Nada de nada!
Desistimos y optamos por el plan B: tomar un omnibus -autocarhasta Santa María, a medio camino de Iguazú. En esta ciudad estuvimos un par de días con nuestro couchsurfings andaluces Sara y David, una pareja encantadora que estaban haciendo un intercambio en la universidad. Ellos vivían con Echy y sus compañeros brasileños de piso. Con ellos hicimos muy buenas migas, asistimos a la primera clase de capoeira y claro, como era 26 de mayo, hasta celebramos mi cumpleaños.

Empezaba nuestro contacto con la cultura brasileña y con su idioma. Un portugués un poco diferente al de Portugal y con cierto parecido al gallego chapurriao que se habla en mi estimado pueblo del Bierzo: Burbia. Soy de un pueblecito ubicado en un valle privilegiado en las montañas entre León y Lugo con mucha influencia gallega en su cultura y en su idioma. El portugués que estamos comenzando a escuchar aquí en el sur de Brasil, me recuerda a mi pueblo y a mi querida gente. No obstante no va a ser tan fácil entender y hablar el idioma como yo pensaba...
De aquí nos fuimos con David y Sara en bus hasta Foz de Iguazú para visitar las famosas cataratas, ellos aún no las conocían y también querían visitarlas esos días.
Las cataratas de Iguazú son una de las siete maravillas naturales de nuestro planeta. Más de 275 cascadas, un regalo de la naturaleza, grandioso. Realmente lo que hemos visto nos ha dejado sin palabras. 


Algunos opinan que son incluso más asombrosas que las cataratas Victoria en el sur de África o las cataratas del Niágara entre Estados Unidos y Canadá. Nosotros no podemos hacer comparaciones, todavía no...
Muy cerca de las cataratas se encuentra la conocida Triple frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay. No obstante, las cataratas solo se pueden visitar desde la parte argentina y la brasileña ya que son frontera natural únicamente entre estos dos países.
Uno de nuestros dilemas al llegar a Foz de Iguazú situada a 20 minutos de Paraguay y a 30 de Argentina, fue visitar las cataratas sólo desde Brasil o ir también a Argentina.
La duda quedó resuelta con las recomendaciones de nuestro couchsurfing en Foz. Henri que había estado en ambos lados nos recomendó ir al lado argentino y si podíamos, ir sin duda a los dos. Entonces, ¿por qué no verlas desde los dos lados? Esa mañana amaneció con un cielo oscuro y confuso. Las lluvias de los últimos días no eran nuestro mejor referente así que decidimos aplazar nuestra visita y decidimos ir junto a Henry a un templo budista cerca de casa.

El lado brasileño alberga el 20% del Parque de Iguazú pero ofrece una visión panorámica de los saltos de agua que no se puede ver en la otra parte. La mejor vista de la espectacular garganta de Diablo se encuentra desde Brasil. Este espectáculo de naturaleza salvaje nos da una idea mucho más aproximada de la magnitud del lugar en el que nos encontramos.


La entrada al Parque Nacional por el lado de Brasil cuesta R$ 56 (14 €), y el autobús que te lleva desde la ciudad de Foz es un ómnibus urbano que cuesta R$ 3,8 (1 €) por trayecto. Una vez dentro del Parque un autobús (gratuito) conecta por una carretera asfaltada con los diferentes senderos o miradores. El recorrido entero se puede hacer en unas 2- 3 horas caminando todo el tiempo con las cataratas a tu derecha.



Durante el recorrido es habitual ver coatíes y abundantes especies de pájaros como el Tucán o el águila harpía. Desde el lado argentino se puede observar los saltos de agua desde abajo y desde arriba, se pueden ver, tocar y sentir desde cerca. La entrada en el lado argentino cuesta unos A$ 330 (20 €) y el ómnibus que te lleva a las cataratas desde la ciudad de Puerto Iguazú, es de A$ 65 (4 €) por trayecto. Ofrece diferentes recorridos por lo que se necesita unas 4- 6 horas para poder visitarlo entero. Existen tres senderos principales: el circuito inferior, el circuito superior y el circuito por la Isla San Martín. 


Todos los circuitos están conectados por un tren ecológico (gratuito) y en el caso de la Isla San Martín por una lancha (gratuita) hasta las 15.00h. Des de la isla se tiene una panorámica de 365º, se puede apreciar el enfurecido salto San Martín, la Garganta del Diablo a lo lejos y la catarata Bossetti, una de las más admiradas por su belleza.


Ahora podemos afirmar que ninguna visión es mejor que la otra, simplemente son diferentes perspectivas que se complementan y ambas son muy muy recomendables. Ver las Cataratas de Iguazú des de el lado brasileño es como estar en una obra de teatro donde tu eres el público, tienes una visión privilegiada de la escena y te puedes hacer cargo de la magnitud del lugar en el que te encuentras.



Por el contrario, desde el lado argentino, uno se encuentra directamente en la platea, te conviertes en actor. En el lado argentino sientes el rugido del agua, observas su potencia al impactar contra las rocas, te avisa, te moja,  se muestra, caminas por encima de ellas y hasta las puedes  tocar y oler. Allí las cataratas no se visitan sino que se viven, se sienten desde dentro. 


Una vez terminado el recorrido y sentirnos afortunados de haberlas visitado por los dos lados, seguimos nuestro camino hacia "cidade maravillosa": Rio de Janeiro. Esta vez miramos vuelos de avión y comprobamos que hay dos compañías low cost (Gol y Azul) que por R$ 200 (60 €) hay opciones de encontrar un billete. Allí nos encontraríamos con nuestra amiga de Barcelona Eva y el ambiente pre Juegos Olímpicos Rio 2016. 

Mapa Cataratas Iguazú Brasil


Mapa Cataratas Iguazú Argentina

sábado, 23 de julio de 2016

17.- Asado 100% uruguayo en "Cal Pau". Playa Verde- Piriápolis.

Decidimos recorrer los 80 km que nos separaban de Montevideo a Playa Verde/ Piriápolis en Omnibus, 160 U$ (5 €). Allí vivía nuestro amigo Pau y presentarnos directamente en su nuevo restaurante sin previo aviso era una idea que se había instalado hacía tiempo en nuestra cabeza.



Creo que Lourdes o Romina me habían informado que el restaurante estaba en Playa Verde. Un lugar pequeño en el que, a priori, no tendríamos demasiados problemas para encontrarlo. 


Pau y Celina llegaron con apenas 20 años a Barcelona y desde un inicio lo único que hicieron fue trabajar y luchar. Empezó de friega platos en Cal Boter y al cabo de los años fue el jefe de l'Ateneu de Sant Just junto a Carlos. No solo levantó un negocio en un lugar tan complicado y mítico del pueblo sino que además lo hizo a su manera: ofreciendo una mezcla de cocina catalana y asado uruguayo. El google maps nos tiró un cable y fácilmente pudimos poner una chincheta en "Cal Pau". 
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Desde los 15 años juego a balonmano y todos los viernes, el único lugar que nos servían comida después de entrenar, era en l'Ateneu. Casualidades o no, el color del restaurante respondía a los colores del equipo del pueblo: amarillo y azul. Al inicio abundaban las cervezas y las cenas eran a base de bolsas de patatas fritas, posteriormente llegaron los bocadillos pero no fue hasta que llegaron Pau y Carlos que se instauró el chivito, la entraña y el vacío como dieta habitual de deportistas. Los últimos años fue nuestro lugar de encuentro independientemente de si eran las diez y media o las once cuarenta y cinco de la noche; como ir a visitar la abuela, ellos siempre tenían un plato caliente para nosotros.
Llegó un día de 2013 en que Pau y su mujer Celina decidieron regresar a su Uruguay natal e iniciar una nueva etapa de su vida más pausada, tranquila y que les permitiera disfrutar de eso llamado "tiempo". El autobús nos escupió en una carretera secundaria bajo una farola y perpendicularmente a esa, un camino con casas a ambos lados nos conduciría hasta el restaurante.


Encontramos el restaurante “Cal Pau” sin problemas, la dirección era correcta. La primera sorpresa fue al encontrar el restaurante cerrado. No era ni tarde ni temprano pero la mala hierba crecida en la entrada y las sillas recogidas hacían presenciar que el local llevaba tiempo cerrado.   


Por suerte enfrente el restaurante había una pequeña tienda de comestibles. El señor nos indicó que sólo abrían en temporada, llevaba más de dos meses cerrado pero que podíamos encontrarlo en su casa. Playa Verde es un rincón tranquilo cerca del mar y en temporada alta funciona como segunda residencia de muchos uruguayos. A inicios de invierno era como caminar por una aldea, estaba prácticamente deshabitado. Según nos informó teníamos que seguir por la calle y doblar la primera a la derecha.
A mitad de cuadra encontraríamos un portón de madera. Sin saber muy bien si esa era su casa, casi todas tenían portones de madera, picamos el timbre. Cuando se abrió la puerta, salió él con su boina. 

-¿Panxa...?

-Pero Panxa...Que fas aquí!?

Decía Pau con la voz más dulce que le he oído en mi vida. Normalmente en el restaurante eran insultos o gritos, jamás me había hablado tan relajado. 


Al principio hubo un par de segundos de silencio, él no entendía nada, estaba descolocado pero cuando reaccionó se alegró de nuestra presencia.

-Estamos de ruta por Latinoamericana y estando en Uruguay, la visita era obligada

-¿Pero por qué coño no me han avisado?- decía ya más sereno a la vez que nos abría las puertas de su casa.



Piriápolis fue una ciudad creada de la nada por el alquimista Piria a principios del Siglo XX. Actualmente conserva vestigios de su obra como su rambla costanera (paseo marítimo), un castillo y la iglesia. A día de hoy sigue siendo uno de los ejemplos de organización territorial más interesantes en el país.  Una de sus construcciones principales es el majestuoso Argentino Hotel del 1906.  




Piriápolis fue una de las primeras puertas de entrada del turismo internacional a Uruguay.Una de las visitas recomendadas es el cerro Toro. Se puede acceder por carretera o por una silla elevadora rudimentaria. Desde arriba hay una vista panorámica de la ciudad y del cerro Pan de Azúcar. De bajada del cerro se puede hacer por unas escaleras hasta llegar a un segundo mirador donde se tiene una vista de la antigua lonja de pescadores. Un lugar interesante para comprar pescado fresco.



Estuvimos tres días con Pau, Celina y sus hijos Paula y Esteba en su casa. Despertarnos el primer día con ese desayuno a base de torta casera que nos tenían preparado fue como regresar a las noches de los viernes en el Ateneu de Sant Just. 


Para celebrar el encuentro hicimos un asado, esta vez sí, 100% uruguayo a base de bife de chorizo, cuadril, tiras de asado, vacío y un espectacular vino de maracuyá. Gracias por recibirnos, por poder compartir unos días en vuestra nueva vida, por el mate y por esas charlas hasta altas horas de la madrugada.


De allí fuimos en raid hasta el Chuy, frontera con Brasil. La idea era ir avanzando poco a poco por la, costa pero como el clima estaba tan frío, era finales de otoño, decidimos ir directamente hasta la frontera. El Chuy es una ciudad peculiar ya que la carretera principal del pueblo separa Uruguay de Brasil. De un lado las tiendas responden a nombres uruguayos y cruzando la calle, los productos son brasileros. Es una zona franca de libre comercio donde se encuentra de todo a un precio más económico de lo normal. Muchas familias van y vienen, como si fueran a Andorra, a hacer sus compras. 


En el Chuy contactamos con Rodrigo, amigo de Pau y uno de los creadores del famoso coulant de chocolate de l'Ateneu. Nos ofreció un lugar donde dormir y con él fuimos a conocer las playas de Punta del Diablo y el Parque Nacional de Santa Teresa, en cuyo interior se encuentra la Fortaleza, en sus inicios fue creada para defenderse de posibles ataques de los portugueses en el S. XVIII. 

Actualmente funciona como reserva natural y es posible acampar en las zonas habilitadas. Rodrigo nos sorprendió a la mañana siguiente con unos bizcochos y hasta nos acercó hasta la frontera en coche, GRACIAS CRACK!!


Después de tres meses por la cordillera de los andes teníamos ganas de abandonar las champions -deportivas- por las chinelas -chancletas- y poder usar de una vez los pantalones cortos, así que decidimos despedirnos de Uruguay antes de tiempo y pasar a Brasil en busca de un clima más cálido.








jueves, 26 de mayo de 2016

16.- Copa Libertadores. Montevideo, Uruguay

Nuestra intención era quedarnos en Buenos Aires hasta el fin de semana y asistir a alguna de las innumerables ofertas culturales que ofrece la capital. Tuvimos un contratiempo irresistible que precipitó nuestra salida de Argentina:
         A la atención del departamento de prensa, 
Nuestros nombres son Emma Rellán y David Fàbregas. Somos dos periodistas de Barcelona        interesados en cubrir el próximo encuentro de la Copa Libertadores entre el Nacional de Montevideo  y Boca Juniors del próximo 12 de mayo. Estamos realizando un artículo dónde estudiamos las diferentes maneras de ver y vivir el fútbol. Siendo una fecha tan importante la de este fin de semana, 117 años de su fundación, creemos que sería una ocasión inmejorable conocer en primera persona su legendario e histórico club.


Nos contestaron a los dos días informándonos que lamentablemente tenía el sector de prensa cubierto por medios uruguayos y argentinos pero que si era de nuestro agrado, nos podrían facilitar dos entradas para asistir al partido de fútbol en la tribuna oficial. "¡Che, boludo, agarrá la bolsa que nos vamos pa Uruguay!".



Rastreamos las diferentes compañías que cubrían el traslado en barco desde la capital argentina a la capital uruguaya y por un precio de 600A$ (35€) compramos un billete de barco + bus con una duración total de 4 horas. La compañía Seacat, costaba la mitad que la conocida Buquebús y el secreto es que cruzaba por el Río de la plata hasta Colonia en una hora de trayecto y finalizaba en Montevideo después de tres horas más en autobús.
La llegada a Montevideo no nos decepcionó y rápidamente pudimos observar alguna diferencia con la capital Argentina. Por un lado el uruguayo es un ser que vive con el mate bajo el brazo, por otro, nos pareció ser más tranquilo y humilde que el porteño. Así como para el argentino tomar mate es como un acto social para compartir y, pocas veces lo toma en soledad, el uruguayo lo transporta a todas partes como si se tratara de las llaves, el celular o el monedero independientemente de si está solo o con un grupo. El uruguayo vive entre “Brasil e o mais grande do mundo” y “Argentina es la mejor del mundo”, así que no le queda más remedio que convivir con unos y otros. Política e históricamente siempre se mostró neutral y se caracteriza por no alardear de sus logros, como decía Juan, un amigo con el que compartimos una noche en la cuidad, “el uruguayo no se queja ni cuando tiene que hacerlo”.


Si se habla de fútbol la cosa cambia pues la selección es el equipo con más copas a nivel internacional ya que la celeste tiene un total de 2 mundiales y 15 copas América. También observamos que es un país caro para vivir pero como nos decía Juan, “si consigues llegar a final de mes, es un país en el que se vive bien”. El taxista que nos llevó hizo muestra de que en Montevideo se camina a otro ritmo distinto al llegar a nuestro destino. El señor conductor había estado viviendo durante años en España y no solo fue muy amable durante todo el trayecto si no que se permitió el lujo de salir del taxi una vez estábamos en nuestro destino y conversar unos diez minutos en la calle.
En la capital de Uruguay, tuvimos el primero de los calurosos reencuentros. Eli, una buena amiga uruguaya y de Barcelona. Allí trabajamos juntas en un equipazo de más de 20 personas que hacen posible el funcionamiento de un servicio municipal tan complejo como la atención a víctimas de violencia de género. Eli nos ofreció un hogar y nos introdujo en el modo de vida de la cuidad. Nos enseñó también la manera auténtica de preparar el buen mate.



Recorrimos las partes más recomendadas de la capital como la parte vieja, el centro, las ramblas o la costanera y no se si por casualidad Panxa dió con una réplica de la fuente de canaletes justo el día que el Barça ganaba el campeonato de la liga...




También nos fuimos con Eli a tomar unas cervezas artesanas que, por supuesto también forman parte de la cultura local con la que cumplimos fielmente.


Al día siguiente de nuestra llegada había partido y, como buenos alumnos antes de un examen importante salimos temprano de casa para conseguir el mejor lugar de la clase. Por suerte estábamos cerca del estadio y pudimos ir andando hasta la entrada. Fue relativamente fácil localizar la puerta de prensa. Nos presentamos y después de anunciar que éramos los periodistas de Barcelona, preguntamos por las acreditaciones. Finalmente y después de esperar unos minutos de incertidumbre, nos autorizaron a entrar y nos dieron un par de entradas... yehaaa!!




El espectáculo fue sorprendente pero la calidad del juego nos dejó más pasmados que asombrados. 
Las aficiones no tenían nada que ver con las de la liga española... Ambas hinchadas tenían orquestas de música con trompetas, bombos y platillos. La gente cantaba y cantaba sin cesar e incluso algunos  aficionados directamente estaban de espaldas al partido animando a los suyos y dirigiendo con la mano a la fanática coral y a los dedicados músicos. Otro aspecto que nos dejó boquiabiertos fue el inicio de la segunda parte. Para conmemorar el 90 aniversario del primer enfrentamiento entre Nacional y Boca, se había organizado el lanzamiento de fuegos artificiales. El árbitro y los jugadores estaban en el campo dispuestos a reanudar el partido y al cabo de unos minutos observando el espectáculo que no terminaba nunca, con el fuerte ruido de los fuegos artificiales realizaron el saque inicial y tímidamente empezaron a jugar. El partido se había iniciado y el estruendo no cesaba sino que crecía. Duró unos 10- 15 minutos de juego en que aficionados y deportistas estaban más pendiente del cielo que del balón. Pasado el espectáculo, una humareda con olor a pólvora, se instaló por momentos en el terreno de juego. El partido siguió con la tónica del balonazo al otra área esperando un error del rival, no había construcción, ni intención; más bien era tapar los posibles avances del contrario y rechazar cuando no había nadie cerca para pasar el balón. La afición no solo no aflojó ni un instante, sino que a medida que llegabas al final seguían animando y cantando todos a la vez bajo la batuta de una orquesta bien coordinada. Según decía Emma, "yo no entiendo mucho de futbol pero si viene a jugar aquí la Ponferradina,  como mínimo le mete cuatro goles a Boca... Diooosss que malos!

Hemos estado en Montevideo una semana y de aquí nos vamos a Playa Verde, con la intención de dar una sorpresa a un viejo amigo de Panxa del Ateneu de Sant Just. Nos presentaremos en su casa sin previo aviso y….sorpresa Pau!
La duda es si lograremos dar con él…


martes, 17 de mayo de 2016

15.- Corre Buenos Aires


Después de dos meses subiendo poco a poco por la Cordillera de los Andes y observando cómo el inicio del otoño pintaba las hojas de lengas, alerces y cipreses de tonos rojos, amarillos y anaranjados; cambiamos el decorado y llegamos a la capital del país.



Si una cosa nos quedó clara incluso antes de llegar es que Buenos Aires no es un lugar cualquiera, es "el lugar". En un país de alrededor de 40 millones de personas, aproximadamente la mitad se concentran en la provincia de Buenos Aires. 


La capital es el "mejor" lugar de Argentina, seguramente de latinoamerica... bueno... pensándolo mejor.. creo que del mundo dice, con un toque vacilón, el porteño. "Que hijoooOoo de putaaa". Porteño es un gentilicio que se utiliza para denominar a los habitantes de Buenos Aires, y así son ellos!;
-Ché boludo, acá encontrás de todo. Todo el mundo sabe que el mejor tango lo podés ver acá, el mejor corte de bife de chorizo en la capital, y el teatro!? Brodway es un invento de la Avenida Corrientes! Lo que no encontrés en Buenos Aires, no existe.


El porteño es un ser que vive a otro ritmo, se siente orgulloso de su tierra y tiene una respuesta para todo. Seguramente en un pasado todos eran filósofos,  psicólogos, entrenadores de fútbol o cocineros. Tienen amplios conocimientos de todo y como personas que se preocupan por los demás, siempre te aconsejan. Después de permanecer una semana, podemos corroborar que aquí la gente no pasea, camina sorteando turistas. Los conductores del colectivo -bus-, no manejan si no que teletransportan a los pasajeros y que definitivamente el ritmo agitado de la urbe es distinto al de toda la Patagonia. Las distancias son largas y los desplazamientos para ir a trabajar pueden durar un par de horas.


Cualquier lector viviendo en medio de la ebullición, podrá sentirse contrariado e incluso incómodo con los comentarios; otro, ajeno a la capital, después de leer estas lineas pensará que Buenos Aires no merece la pena, lo cierto es que no solo es recomendable, si no que es imprescindible visitar. Estar rodeado de porteños tiene un riesgo y quizá algunas partes del anterior texto se agrandaron como el pavo que hincha el pecho y luce plumas. "Che, que querés boludo!"



Buenos Aires, tan llena de vida, de música, baile, libros y teatros, de día y de noche...


Muy recomendable pasear por la Avenida Corrientes entre sus innumerables teatros a cada lado de la calle, lugares para comer la pizza típica y librerías pequeñas o grandes como es el caso de El Ateneu que era un antiguo teatro reconvertido en una hermosa librería. 

El sábado por la noche Guillem Pérez, un compañero de pupitre en la escuela Canigó, nos preparó un típico guiso argentino. Con él y su colega Lluís, compartimos vinos y nos dieron las diez y las once, y... la una, las dos y las tres. 
Otra recomendación es caminar sin rumbo por San Telmo con sus calles adoquinadas y los mercados de antigüedades escondidos. Allí estuvimos con Valeria y Mariano, las personas con las que convivimos durante nuestra semana en la ciudad, qué genial conocerlos!. Comimos en un local del año 1820 reconvertido en un restaurante familiar que, según nos explicó su dueña, lleva 6 años abierto. En un inicio emprendieron el proyecto como una tienda de antigüedades y al cabo de poco tiempo añadieron, colocando unas mesas,  un espacio como tetería.


El lugar, que está decorado con lámparas a la venta, todas diferentes y elementos relacionados con pueblos originarios del norte del país o Bolivia, cuenta con etiquetas colgadas de sillas, jarrones o cubertería. Ofrecen un menú diario competitivo que va des de los $50 (3€) a los $80 (5€) con refresco y café servido en "auténticas vasijas de cerámica alemanas".
Otro barrio imprescindible de ver es el de Boca. Actualmente queda poco de lo que fue en su inicio ya que el turismo que lo fotografía es de tal magnitud que a menudo sin darte cuenta puedes acabar con un  pañuelo en el cuello bailando tango en medio de la calle.

Con imaginación uno puede regresar a esa época en la que, sobretodo italianos, llegaron a estas parte de la ciudad, sin saber donde dormir y con una maleta como historia de su pasado. Muchos italianos, españoles y otros europeos llegaron exiliados de las grandes guerras, algunos alentados por familiares o conocidos después de escuchar narraciones de fortunas y éxitos.



La realidad explica que llegaban personas temerosas, solitarias y con muchas dudas. Las casas en esta zona de la cuidad eran hechas de madera y/o chapa y los abundaban diferentes colores en el mismo habitáculo. La razón, según nos dijeron, era porqué se construían y pintaban con los materiales y colores sobrantes de los navíos. Otra característica es que no se llamaban casas sino "conventillos" y en las piezas -habitaciones- individuales eran austeras y de tamaños reducidos.


En cada conventillo, podían vivir entre 10-15 hombres. Allí al lado hay uno de aquellos monumentos históricos que todo aficionado al fútbol ha de ver: La Bombonera, el estadio de Boca Juniors. Este estadio tiene una forma muy peculiar y diferente del resto de estadios. Su forma una "D", con tres lados compuestos de tres gradas curvas (como las de todos los estadios) y un cuarto lado completamente vertical. La razón de este diseño fue que, al parecer se debía construir el nuevo estadio en el mismo solar donde se encontraba el anterior que era de madera y mucho más pequeño, siendo necesario edificar las gradas de este lado, muy juntas una sobre otra, y las superiores se encuentran muy adelantadas con respecto a las inferiores creando una pendiente pronunciada y poco común.


Según los aficionados de esta manera se crea una atmósfera vibrante que da origen la mítica frase: " La Bombonera no tiembla, late".
Mención especial para la afición del Boca Juniors que, según algunos medios está considerada la mejor del mundo por la cantidad de hinchas, el fervor y el entorno que se convoca en La Bombonera durante sus partidos.
El Tigre es otro barrio que se ha de visitar. Se trata de la desembocadura del río de la plata en Buenos Aires. Al penetrar por la tierra, el río crea un delta y forma pequeñas islas; en algunas hay un solo habitante, en otras hay restaurantes y clubs deportivos, y en las más grandes hay pequeñas poblaciones.

El agua del río no es clara ni transparente pero pasear en barco por estos lugares es relajante, la gente puede disfrutar de su tiempo libre y desconectar del ajetreo de la ciudad en este bello rincón. Por supuesto hay que caminar también por el centro y perderse por sus grandes y pequeñas calles. 
Degustar una rica gastronomía junto con uno de los vinos del país. Disfrutar de algunos de sus teatros alternativos y del cine nacional. Y para los más aficionados al tango acudir cualquier día de la semana y prácticamente a cualquier hora a diferentes locales para poder vivir el espectáculo.

De aquí saldremos hacia Montevideo. La distancia que separa estas dos ciudades no es mucha si lo haces atravesando el río de La Plata, la otra opción es hacerlo por tierra pero hay que dar un buen rodeo. Así que nos vamos en barco hasta la ciudad uruguaya de Colonia y de ahí en bus hasta la capital. Viajamos con la compañía Seacat, una de las más económica. El precio total fue de unos 35 euros por persona incluyendo el barco y el bus en un trayecto de 4 horas. Existe la posibilidad de ir directamente a Montevideo con un coste más elevado. El trámite aduanero se hace en la parte argentina donde se encuentran las aduanas de ambos países y al revés si vienes de Uruguay a Argentina, ya que la frontera se encuentra en medio del río.
En Montevideo nos reencontraremos con Eli, una buena amiga uruguaya, catalana e italiana.
Uruguay allá vamos!