martes, 19 de abril de 2016

10 Semana Santa en la isla de Quehui, Chile


—¿A dónde va la barca? —preguntamos en el muelle de pescadores.
—¡A Quehui va! ­—responde el capitán.


Alguien nos recomendó ir a esta pequeña isla entre las más de 40 que hay en el archipiélago, así que no dudamos en embarcarnos un par de días. El pasaje costaba 2.500 pesos chilenos (3,5€) por cada pasajero durante las dos horas de travesía hasta llegar a Qehui. Una pequeña isla que vive de la pesca, la agricultura, la ganadería y en temporada del turismo. El trayecto empezó a través de la costa de Castro. Desde allí pudimos observar con mayor detalle sus famosos palafitos y parte de la ciudad. Posteriormente siguió en un agradable paseo en barco por un mar tranquilo bordeando costas verdes y piscifactorías de salmones. 


En el barco habría unas veinte personas cargadas con bolsas, cajas de comida y fruta. Entre ellas observamos una pareja mayor que parecían ser de esas tierras. No conocíamos nada de la isla y dudamos entre preguntar o quedarnos callados, finalmente la curiosidad pudo más que la vergüenza inicial. Les dijimos que no conocíamos nada y si nos podían recomendar algún sitio dónde dormir. La pareja se llamaban Luis y Gladis. No solo fueron muy amables aconsejándonos un lugar sino que, nos invitaron a tomar el café y, en el caso que nos quedáramos hasta el fin de semana, el “carneo del chancho”.
En todo el archipiélago de Chiloé se encuentran repartidas numerosas iglesias, templos de madera construidos en el siglo XVIII las más antiguas y en el siglo XX la más modernas. El origen de las mismas se dio en la época de la "evangelización" de estas islas, con la llegada de frailes jesuitas de diferentes partes de Europa que dieron impulso a la construcción de iglesias inspiradas en las de sus países. Por su parte los carpinteros chilotes aportaron la mano de obra y técnicas propias inspiradas en la construcción de navíos.


Éramos los únicos turistas de todo el pueblo. Pasamos dos días alojados en el hospedaje de doña Marta compartiendo con ella y su familia unas cuantas charlas en su cocina. Muy agradecidos por el rico pan recién horneado que nos ofreció y la sabrosa sopa de pescado! 



Al día siguiente fuimos a dar una vuelta por la isla y nos encontramos con la escuela rural Los Ángeles, no quisimos desaprovechar la ocasión para hacer una visita y compartir con ellos una buena mañana.




A partir de aquí nos apareció una duda: Si aceptábamos la invitación de la familia Ruiz supondría quedarnos en la isla cuatro días más. Nos habían informado que al ser Semana Santa no habría barca de vuelta hasta el domingo. Solo teníamos un problema para alargar la estancia en la isla unos cuantos días más; no nos quedaba mucho dinero y por supuesto aquí no íbamos a encontrar ningún cajero.  Pero como "al final todo tiene solución y si no la tiene es que todavía no es el final", nos aventuramos y nos quedamos. 


La familia Ruiz nos acogió como a unos familiares más y compartimos con ellos la típica matanza del cerdo y la elaboración de la chica de manzana. Además disfrutamos juntos de desayunos, leyendas, canciones típicas y hasta un apasionante partido Chile vs Argentina. 





El último día en la isla la señora Blanca, una vecina de la familia Ruiz, nos invitó a comer a su casa y junto con otra vecina más del pueblo, nos comimos un guiso de pollo casero rico rico. La hospitalidad de estas gentes hace que te sientas como en casa y estando tan lejos de los tuyos, ésto, no tiene precio. Gracias de nuevo a tod@s!!!




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